Durante mucho tiempo, se ha considerado que la obesidad es un problema de falta de voluntad, de comer demasiado o moverse muy poco. Sin embargo, la ciencia ha estado investigando para encontrar más causas subyacentes de la obesidad y tratarla como una enfermedad compleja y crónica con múltiples factores. Recientemente, dos estudios han aportado pruebas importantes que sugieren que la forma en que nos relacionamos con la comida y el tamaño de nuestro cuerpo en la infancia no son siempre una elección, sino que están influenciados en gran medida por nuestra genética y el entorno.
El papel de la genética en la obesidad
Un estudio publicado en PLOS Medicine analizó a 86.000 niños de la cohorte noruega MoBa y encontró que la genética explica alrededor del 79% de la asociación entre el índice de masa corporal (IMC) de la madre y el del hijo. En el caso del padre, la cifra es aún más alta, con un 94% de la asociación entre el IMC paterno y el del menor explicada por la genética. Esto sugiere que los patrones de obesidad que se repiten de padres a hijos no se deben solo a hábitos alimenticios similares, sino que también se transmiten variantes genéticas que regulan aspectos fisiológicos clave, como el metabolismo basal y la arquitectura cerebral que dicta los mecanismos de saciedad y recompensa al comer.
La interacción entre la genética y el entorno
Sin embargo, si la genética es tan determinante, ¿por qué las tasas de obesidad han aumentado en las últimas décadas si nuestro genoma humano apenas ha cambiado? La respuesta la da un segundo estudio publicado en PLOS Genetics, que encontró que las variantes genéticas asociadas a la obesidad se han vuelto mucho más predictivas del IMC en las cohortes más recientes. Esto sugiere que el entorno moderno, caracterizado por entornos urbanos sedentarios, estrés crónico, alteraciones del sueño y una disponibilidad constante de alimentos ultraprocesados de alta densidad calórica, actúa como un gatillo que activa la predisposición genética a la obesidad.
Consecuencias y desafíos
Estos hallazgos tienen importantes implicaciones para la forma en que abordamos la obesidad. Como han advertido organizaciones como la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, es urgente dejar de lado la recomendación de “come menos y muévete más” como única solución y abordar la obesidad de manera más integral. Comprender que la obesidad es una condición con una profunda raíz genética y que está fuertemente condicionada por el entorno cambia por completo las reglas del juego. En México, América Latina y España, donde la obesidad es un problema creciente, es fundamental tomar en cuenta estas nuevas evidencias para desarrollar políticas y programas efectivos para prevenir y tratar la obesidad.
En conclusión, la genética ha demostrado ser un factor clave en la obesidad, y es hora de que cambiemos nuestra forma de abordar este problema. Al entender mejor la compleja interacción entre la genética y el entorno, podemos desarrollar estrategias más efectivas para prevenir y tratar la obesidad, y reducir el estigma social asociado a esta condición. En el futuro, esperamos que estos hallazgos nos lleven a una mayor comprensión y a una acción más efectiva para abordar la obesidad en todas sus formas.