En un escenario que parece sacado de una película de ciencia ficción, Francia se enfrenta a una crisis sin precedentes debido a las olas de calor que azotan el país. La directora de Météo France, Sophie Voirin, ha emitido una advertencia seria: esta semana se podrían superar las temperaturas máximas jamás registradas en el país. Las consecuencias de este calor sofocante ya se están sintiendo en la vida diaria de los franceses, con escuelas cerradas, sesenta departamentos en alerta y 70 trenes cancelados.
Carreteras que se derriten: un problema sin precedentes
El calor extremo ha provocado que carreteras en varias regiones de Francia se derritan literalmente. En el departamento de Meurthe-et-Moselle, ubicado en el este del país, Audrey Bardot, vicepresidenta del Consejo departamental encargada de Infraestructuras y Movilidad, confirmó que seis kilómetros de carreteras se estaban derritiendo debido al alto calor registrado. En algunos casos, los coches han lanzado alquitrán a su paso, extendiéndolo durante más de un kilómetro, y se han formado charcos de asfalto derretido.
En Normandía, en el extremo opuesto del país, la situación es similar. Las carreteras que se repararon a finales de 2025 para paliar los daños causados por las duras lluvias del invierno están sufriendo daños debido a las altas temperaturas. Los responsables señalan que los parches se están derritiendo porque no están preparados para aguantar los 40ºC que se experimentan estos días, en lugar de los habituales 27-28ºC.
Un reto para las infraestructuras francesas
Estas temperaturas extremas representan un reto significativo para las infraestructuras francesas. Este año, se ha optado por echar sobre el asfalto una mezcla de gravilla blanca para reducir algo la temperatura y evitar que el calor derrita el asfalto. En 2022, el Tour de Francia contaba con un camión cisterna que iba refrescando la calzada para evitar que el asfalto sufriera daños con el paso de los ciclistas.
El problema para Francia radica en que su asfalto no está preparado para temperaturas tan altas, pero también debe estar a punto para desaguar las lluvias de invierno y enfrentar condiciones más frías. Un clima más extremo, con fríos más intensos y calores insoportables, es muy complicado de gestionar a la hora de diseñar las carreteras. Las vías preparadas para una mayor porosidad frente a las lluvias utilizan betunes que rinden peor cuando la temperatura sube.
En este sentido, Francia podría aprender de la experiencia de España, que ha optado por asfaltos que soportan mejor las temperaturas altas. Sin embargo, estos asfaltos también son menos flexibles y se fracturan con mayor facilidad. En última instancia, la solución para Francia pasa por encontrar un equilibrio entre la resistencia al calor y la flexibilidad para enfrentar las condiciones climáticas extremas.