En los últimos años, hemos visto cómo las olas de calor han afectado a Europa, y los españoles nos hemos sentido reivindicados al ver cómo otros países adoptaban nuestras costumbres, como la siesta o cenar tarde. Sin embargo, ahora nos enfrentamos a una realidad: el cambio climático es un problema global que nos obliga a adaptarnos y a cambiar nuestros hábitos.
El calor extremo: una realidad en España
Según el Estado del Clima de España 2025 de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), la temperatura media en España ha aumentado 1,75 °C desde 1961. En 2025 se batieron 25 récords de días cálidos y no se registró ningún récord de días fríos, cuando se esperaban cinco de cada. Además, el verano se alarga unos nueve días por década. Estos cambios tienen consecuencias importantes, como la necesidad de refrigeración en España, que se ha multiplicado por 2,6 entre 1982 y 2022.
La siesta: un ejemplo de cambio
La siesta, una de nuestras costumbres más características, ya no es lo que era. Solo el 16% de los españoles la echa a diario, y el 60% no la duerme nunca. Esto se debe en parte a la evolución social del mercado de trabajo, pero también a que, a partir de ciertas temperaturas, la siesta deja de ser reparadora y solo podemos tirar del aire acondicionado.
La ‘saharización’ de España
El concepto de ‘saharización’ puede parecer polémico, pero también tiene un poso de verdad. En climas muy calurosos, algunas prácticas, como tomar bebidas calientes para regular la temperatura corporal, adquieren sentido. Es razonable pensar que adoptaremos algunas de estas prácticas en el futuro. La cultura islámica, por ejemplo, ha desarrollado formas de concebir las casas ‘hacia dentro’ y dar mucho peso a la vida doméstica interior, lo que puede ser una adaptación cultural a un entorno muy cálido.
Las ciudades y el ocio se adaptan
Las ciudades están reaccionando al calor extremo. Barcelona ha pasado de 197 refugios climáticos en 2021 a más de 500 este verano, con cobertura del 99% de la población a menos de diez minutos a pie. Bilbao, por su parte, ronda los 131 espacios. El ocio también cambia, y las reservas de verano a Noruega subieron un 37%, mientras el norte peninsular gana turistas. Ya no se trata de si cambiamos nuestros hábitos, costumbres y soluciones, sino cómo lo hacemos.
Es hora de hablar más sobre esto, porque ahí está buena parte de nuestro futuro cercano. Debemos estar preparados para adaptarnos a los cambios climáticos y encontrar formas de mitigar sus efectos. La ‘saharización’ de España puede ser un tema incómodo, pero es una realidad que debemos enfrentar.