En la era de la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética experimentaron con reactores embarcados en aviones estratégicos, pero fue el Project Pluto estadounidense el que demostró ser demasiado extremo para ser viable. El proyecto consistía en un misil supersónico que volaría a baja altura sembrando destrucción nuclear, pero su capacidad para dejar un rastro radiactivo a su paso lo hizo inviable. Sin embargo, Rusia ha decidido revivir esta idea con su misil Burevestnik, que ha sido apodado como el “Chernóbil volador”.
Un concepto peligroso
El Burevestnik es un misil que convierte todo su vuelo en una forma de contaminación radiactiva. A diferencia de un misil nuclear convencional, que es letal solo cuando impacta, el Burevestnik empieza a ser peligroso mucho antes de llegar a su objetivo. Su reactor nuclear libera isótopos radiactivos y partículas generadas por la erosión progresiva del reactor bajo calor extremo y presión constante, creando un corredor de contaminación detrás de sí.
El sistema de propulsión del Burevestnik es un turbojet de ciclo directo, que utiliza el aire atmosférico para generar empuje. Esto permite reducir peso y tamaño, haciendo posible meter todo el reactor dentro de un misil de apenas 9,5 metros. Sin embargo, esta eficiencia tiene una contrapartida terrible: el aire que entra limpio sale contaminado.
Consecuencias devastadoras
Según los investigadores del MIT, el escape del Burevestnik estaría cargado con argón, criptón y carbono radiactivo, además de partículas generadas por la erosión progresiva del reactor. Cuanto más tiempo permanece en el aire, más material libera. Esto significa que cada misión podría dejar un corredor de contaminación detrás de sí, convirtiendo el simple tránsito del misil en un evento radiológico.
Las señales de alerta ya estaban ahí. Después de la revelación pública del programa, la organización ambiental Bellona Foundation detectó picos de radiación en el Ártico vinculados a posibles pruebas. Esto sugiere que el Burevestnik puede estar siendo probado en secreto, lo que aumenta la preocupación por sus posibles consecuencias.
En resumen, el Burevestnik es un misil nuclear que no solo es letal cuando impacta, sino que también puede dejar un rastro de contaminación radiactiva detrás de sí. Sus consecuencias devastadoras lo convierten en un arma estratégica que podría tener un impacto significativo en la seguridad global.