Recuerda el último teléfono que tuviste antes de la era de los smartphones. Probablemente fuera un Nokia, un Siemens o un Alcatel. Lo que seguro es que, si lo obtuviste a través de tu operadora, el terminal venía con el logo de la operadora en el frontal o la carcasa trasera, así como en la pantalla al encenderlo. Esto pasó a la historia con el iPhone en 2007. Para entender cómo y por qué sucedió esto, debemos retroceder hasta los meses previos a la presentación del primer modelo.
El poder de las operadoras
Antes de que el iPhone entrara en escena, las operadoras de telefonía tenían un poder absoluto sobre los fabricantes de teléfonos. Las operadoras dictaban las características y el precio de los teléfonos que querían vender. Los fabricantes, como Nokia, tenían cierto poder de negociación, pero no mucho. Si un fabricante quería hacer negocio, necesitaba una cadena de distribución masiva, lo que significaba trabajar con las operadoras. Esto implicaba que las operadoras exigían presencia absoluta en los terminales que vendían subvencionados, con su marca grabada en el plástico exterior, animaciones y sonidos al encender el móvil, y servicios preinstalados que nadie pedía.
La batalla de Steve Jobs
Todo esto cambió cuando Steve Jobs, el cofundador de Apple, llamó a la puerta de Cingular, la actual AT&T en Estados Unidos. Jobs no iba a permitir que las operadoras dictaran los términos y condiciones de su producto, y mucho menos iba a manchar el diseño de su creación con un logo ajeno. Durante los años previos al desarrollo del iPhone, Apple aprendió a moverse en las turbias aguas de las operadoras gracias al experimento del ROKR, un terminal desarrollado junto a Motorola que se vendió como el “móvil con iTunes”. Jobs consiguió convencer a los altos ejecutivos de Cingular de que le cedieran el control total del producto a cambio de una exclusiva durante cuatro años.
El impacto en México, América Latina y España
La estrategia de Apple se trasladó a otros países de forma progresiva. En España, por ejemplo, Telefónica fue la única operadora que tuvo el privilegio de comercializar el iPhone en exclusiva. Esto significó que las operadoras tuvieron que renunciar a estampar su marca en el dispositivo y a preinstalar aplicaciones basura. En México y América Latina, la situación fue similar. Las operadoras como América Móvil, Telefónica y AT&T México tuvieron que adaptarse a las reglas de Apple para ofrecer el iPhone a sus clientes. Sin embargo, es importante destacar que en algunos países de América Latina, las operadoras siguen teniendo un poder significativo sobre los fabricantes de teléfonos, lo que puede afectar la disponibilidad y el precio de los dispositivos.
En conclusión, la revolución del iPhone cambió la forma en que las operadoras y los fabricantes de teléfonos interactúan. Steve Jobs obligó a las operadoras a respetar el diseño y la experiencia del usuario del iPhone, lo que sentó un precedente para la industria. En México, América Latina y España, las operadoras han tenido que adaptarse a esta nueva realidad, lo que ha llevado a una mayor variedad de dispositivos y servicios para los usuarios. Sin embargo, todavía hay retos por delante, como la disponibilidad y el precio de los dispositivos en algunos países de la región.