julio 19, 2024
Los Aliados tomaron las playas de Normandía por la fuerza. Antes de ellos, un espía español les allanó el camino

Los Aliados tomaron las playas de Normandía por la fuerza. Antes de ellos, un espía español les allanó el camino

Los Aliados tomaron las playas de Normandía por la fuerza. Antes de ellos, un espía español les allanó el camino

El pasado 6 de junio se conmemoraron los 80 años del ‘Día D’. Fue el día en el que comenzó la Operación Overlord con el despliegue de la División Aerotransportada del Ejército británico y el desembarco en las playas de Normandía. En esta operación, fuerzas británicas, estadounidenses y canadienses (con apoyo las fuerzas libres francesas) emprendieron la invasión europea por el oeste.

El 6 de junio de 1944 fue una fecha clave en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, pero aunque el cine y los videojuegos han mostrado que las playas se tomaron por la fuerza, no hay que olvidar el trabajo de inteligencia que logró confundir a los altos mandos nazis e impidieron que la Operación Neptuno fuera una sangría aún mayor. Y un español tuvo un trabajo vital en esta operación.

Utilizando la cabeza. 1941 fue un año clave en la contienda. Los bombardeos de Londres aún se mantenían. Hitler invadió la Unión Soviética y los japoneses realizaron el ataque a Pearl Harbour. También fue el año en el que se fundó la LCS o ‘Sección de Control de Londres’. Se trató de un departamento británico que tenía un objetivo: coordinar las operaciones de engaño de cara a operaciones en la contienda. Fue una división vital para el éxito en Normandía, pero aún quedaban tres años para eso.

El engaño ya había demostrado su valía en el conflicto, con la Fuerza A de El Cairo, creando el caos entre la inteligencia nazi en el frente del norte de África. El alto mando británico se enteró de esto y convocó al creador de esta unidad, Dudley Clarke, para informar sobre las operaciones. Tras las declaraciones de Clarke, los británicos tuvieron claro que, además de la fuerza bruta, era necesario utilizar la cabeza para dispersar al enemigo.

Operación Guardaespaldas. En 1943, los aliados empezaron a trazar el plan para la invasión europea. El LCS ya había demostrado su buen hacer en diferentes operaciones, pero fue entonces cuando se empezó a gestar su obra magna: la Operación Guardaespaldas. Este era el nombre paraguas de varias operaciones de engaño, pero el objetivo común estaba claro: hacer creer a los nazis que las batallas se librarían lejos de donde realmente se iban a librar.

También tenían como misión confundir al enemigo con la fecha de esas operaciones clave y, en definitiva, hacer que los nazis estuvieran pendientes de muchos frentes al mismo tiempo, sin saber la fecha real del ataque y con unidades de refuerzo lejos de donde realmente se ejecutaría la gran operación. Dentro de esas misiones de engaño, los aliados realizaron maniobras de paracaidistas falsos y hasta la creación del ‘Ejército Fantasma‘ con tanques, aviones y lanchas falsos, así como otros artificios para hacer creer a los enemigos que había unidades donde, realmente, sólo había vehículos de mentira.

Sistema de doble traición. Ahora bien, había mucho trabajo en las sombras, y ahí el Sistema de doble cruz o XX System fue esencial. Fue la operación de contraespionaje y engaño que puso en marcha el MI5 y que consistía en tener una serie de agentes dobles. Esto significa que eran personas que, o estaban infiltradas entre los mandos nazis como espías británicos, o eran espías nazis que habían sido capturados (o desertaron) y ahora se dedicaban a trabajar para los aliados mientras su bando pensaba que aún eran leales.

Lo cierto es que no fue fácil tener esos agentes dobles. El gobierno británico no puso un anuncio de “se busca espía alemán que quiera traicionar a su nación” y la búsqueda fue complicada. Estos espías estaban realmente integrados en la sociedad británica y habían llegado en submarinos, lancha o como unidades aerotransportadas, pero la ruptura del código de la Abwehr de la máquina Enigma permitió a la inteligencia británica conocer a los lobos entre su ganado. Esta ruptura permitió que el sistema de doble traición funcionara, pero no todos los agentes dobles eran nazis reconvertidos y, antes de que toda la operación se pusiera en marcha, hay que recordar el nombre del español que fue vital en la misma.

EJÉRCITO FANTASMA Tanques de mentira delk ‘Ejército Fantasma’

Garbo. Juan Pujol García, o Garbo, es un nombre muy importante de cara a la Operación Fortaleza y los desembarcos del ‘Día D’. La vida de este barcelonés nacido en 1912 fue muy interesante debido a que, en la Guerra Civil estuvo obligado a servir en el bando republicano, desertó al bando nacional y, tras ver que ninguno casaba con sus ideas, desertó y desarrolló un profundo odio a los totalitarismos. Sin embargo, no pudo vivir tranquilo, ya que llegó la Segunda Guerra Mundial y decidió que tenía que hacer algo.

El MI5 tiene un apartado dedicado a Juan Pujol con el título de ‘El mayor agente doble de la Segunda Guerra Mundial’, algo que nos habla de la importancia en la contienda y, teniendo en cuenta lo que hizo, no es para menos. Volvemos a 1941 y Juan Pujol, con ese fervor antifascista, decidió que iba a prestar sus servicios como fuera a los británicos. En aquel momento eran los que estaban en solitario plantando cara a la Alemania nazi, por lo que intentó ponerse en contacto con las autoridades británicas en Madrid y Lisboa.

Garbo3

Me voy con los nazis. Se ofreció como espía contra Alemania, pero para su sorpresa, los británicos no estaban interesados. Fue rechazado hasta en tres ocasiones, pero no perdió el ánimo y decidió tomarse la justicia por su cuenta. ¿Que los ingleses no me quieren? Pues me voy con los alemanes, debió pensar Juan, quien contactó con la inteligencia alemana en Madrid sin demasiados problemas. Los convenció de que era un funcionario del gobierno español con tendencias pronazis que iba a viajar por asuntos oficiales a Londres y su mayor deseo era cumplir con su deber fascista en el corazón de Inglaterra.

Claro, los alemanes tuvieron recelo al principio, pero era una oportunidad perfecta para integrar otro espía en la casa del enemigo y, tras un curso intensivo sobre espionaje que incluyó nociones sobre la escritura secreta, lo mandaron a Inglaterra con las instrucciones de que construyera una red de espías para socavar aún más la inteligencia británica.

El vino de Glasgow. Si estás arqueando la ceja pensando que el tipo este cambiaba más de bando que ‘El Loco’ Abreu de camiseta, espera un momento: Pujol no emprendió el viaje a Londres, sino que fue otra vez a Lisboa, donde siguió intentando contactar con los británicos. Pero claro, sus responsables esperaban que él ejecutara esa red de espías y demandaban informes, por lo que Pujol… se los inventó.

Mandó informes falsos a sus controladores, como si los hubiera escrito desde Londres, pero resulta que nunca había estado en Londres y, por tanto, algún fallito cometió. Por ejemplo, afirmó que en una visita a Glasgow, había encontrado hombres que harían cualquier cosa por un litro de vino. En Glasgow, a lo mejor, el vino no era lo más popular y, claro, Pujol no lo sabía. Lo gracioso es que sus responsables nazis tampoco tenían ni idea de los gustos de los glaswegians. Y vaya, que los escoceses no utilizaban el sistema métrico, pero los alemanes tampoco se dieron cuenta del error.

Por fin. Tras un año picando a la puerta de los británicos, por fin la abrieron y el MI6 lo llevó a Londres. Lo pusieron a cargo de Tomás Harris, que hablaba español, y empezaron a trabajar. Ambos siguieron inventando perfiles falsos y, para 1944, crearon fichas de 27 agentes con una historia de vida completa que entregaron a los alemanes. Entre ellos, había un venezolano en Glasgow, un nacionalista galés que lideraba un grupo de fascistas llamados ‘Hermanos del Orden Mundial Ario’  o un sargento estadounidense.

Siguió enviando cartas a los alemanes en Madrid que, aparentemente, eran inocentes, pero tenían mensajes en código para que lo leyeran sus supuestos responsables nazis. Así, entre ambos llegaron a escribir 315 cartas y fue Pujol el que dio las directrices a Harris para que el estilo fuera idéntico y los alemanes no sospecharan. La pareja era tan prolífica que tenía enamorados a los superiores alemanes en España, por lo que decidieron que no había que invertir recursos en mandar más espías a Gran Bretaña, ya que Pujol estaba haciendo todo el trabajo.

Tomas Harris

Empieza el engaño. A lo largo de 1943, con la Operación Guardaespaldas tomando forma, Pujol y Harris siguieron mandando cartas. Y la pregunta lógica es: si se lo inventaban, ¿cómo consiguió colársela durante tanto tiempo a los nazis? Tiene sentido, ya que cada carta tenía unas 2.000 palabras. Eso ya es un montón de palabrería que puede confundir, pero además en los escritos había una mezcla entre información inventada (que oye, los nazis podían pensar que era cierta, pero que los enemigos habían cambiado a última hora los planes), información genuina con escaso valor para operaciones militares y, por último, información realmente valiosa que informaba sobre planes reales, pero que se enviaba con retraso de manera intencionada.

Cuando los alemanes recibían la información uno o dos días después de una operación aliada, podían pensar que se había retrasado por cualquier motivo, pero como era información correcta (aunque inútil para esa altura de la película), seguían teniendo en alta estima a Pujol. De hecho, lo felicitaron y, como detalla el MI5, la frase fue de apoyo total a su red de espionaje: “lamentamos que los informes hayan llegado tarde, pero fueron magníficos”.

Se lo comió mi perro. Estos informes se llevaban en avión y era fácil camuflar los retrasos, pero como decíamos, los alemanes no son tontos y, en agosto de 1943, demandaron que las comunicaciones fueran más rápidas y por radio. Fue una fantasía porque aquí Garbo sacó a pasear su imaginación y cuando los alemanes preguntaban por qué algunos mensajes no habían sido transmitidos a tiempo, Pujol decía que uno de sus espías… pues que se había puesto malo.

De hecho, llevó a tal nivel esta mentira que “mató” al informante inventado, colocó un obituario en el periódico local y convenció a los alemanes para que pagaran la pensión a la viuda del agente. No había viuda, evidentemente, y se estima que los alemanes pagaron a Garbo 340.000 dólares durante sus operaciones para apoyar esa red ficticia.

El truco final. Todas esas operaciones y engaños eran pequeñas partes del gran puzle. El premio final era conseguir engañar al ejército alemán para que los aliados pudieran empezar la invasión de Europa desde el oeste. Era una operación a gran escala y en enero de 1944, los alemanes fueron los que dijeron a Pujol que creían que los aliados estaban preparando algo grande. ¿La idea de los alemanes? Que Juan los informara si se enteraba de algo. Y vaya si los informó.

Entre ese momento y el 6 de junio, Pujol envió más de 500 mensajes de radio a Madrid, quienes a su vez lo retransmitieron directamente a Berlín. Esos mensajes venían de todo el entramado falso de espías que Garbo había preparado los meses anteriores y el fin era hacer pensar al Alto Mando alemán que el ataque no sería en las cinco playas de Normandía, sino que la operación real iba a ser más al norte, en el Paso de Calais.

Ejército fantasma No eran de verdad

El día más largo. Esto era muy inteligente, ya que Hitler, oliéndose la invasión, ya pensaba que el Paso de Calais sería el punto elegido por los aliados para comenzar la invasión. Por eso, que los mensajes de Garbo apoyaran esto, reforzó esas ideas alemanas. Ahora bien, Garbo también informó sobre el desembarco de Normandía, pero vistió esa operación como si fuera una simple estratagema aliada para distraer al ejército alemán del verdadero objetivo en Calais.

El Ejército Fantasma aliado empezó a tomar posiciones para engañar a los alemanes, los mensajes de radio de Garbo y su red de espías diseminaron las divisiones nazis y en las playas había defensas, sí, pero no eran tan numerosas como podrían haber sido si esta telaraña de engaños hubiera salido mal. El ‘Día D’, los aliados pillaron por sorpresa a los alemanes en las cinco playas, mientras estos esperaban ataques en otras zonas. Eso no quita que fuera un infierno, tanto que el 4% de la arena de una de sus playas sigue siendo metralla.

De hecho, Garbo se tiró un farol tremendo. Quedó con la inteligencia alemana en enviarles una transmisión de radio unas horas antes del desembarco en Normandía, pero el agente alemán no asistió a la cita y el agente español no pudo transmitirles otro mensaje falso. Los alemanes comprendieron -tarde- que lo que Garbo les diría era que iban a desembarcar ya en las playas, pero el agente se tiró un órdago: “no puedo aceptar excusas ni negligencias. Si no fuera por mis ideales, abandonaría de inmediato”, comentó a los agentes alemanes al no haber podido transmitir el importante mensaje el día anterior.

El engaño de los dos meses. Pese a todo, Garbo seguía teniendo la confianza del Alto Mando, pero el 9 de junio llegaría el punto culminante. Garbo afirmó que el Primer Grupo del Ejército estadounidense de Patton no se había movido de Inglaterra. Por eso, y esperando aún que los aliados llegaran por Calais, los alemanes mantuvieron dos divisiones blindadas y 19 de infantería lejos de Normandía.

El general Rommel dio una orden para que el mariscal de campo Rundstedt abandonara Calais para ayudar en Normandía, pero el mariscal estaba tan confiado con la información de Garbo que anuló la orden y se quedó esperando en Calais. Según cuentan, que esa división hubiera entrado en Normandía podría haber inclinado la balanza a favor de los alemanes. No lo hizo y, por tanto, los aliados pudieron asegurar la zona de Normandía para seguir enviando tropas.

Cruz de Hierro alemana. Pese a todo. Como decimos, parte de la información que transmitía Garbo era buena, pero los detalles cruciales no se podían transmitir por problemas no relacionados con él, supuestamente, por lo que aún tenía la confianza de los alemanes. Tanto es así que informaron a Pujol de que Hitler le había concedido la Cruz de Hierro por sus “extraordinarios servicios a Alemania”.

Unos meses más tarde, se temió que Pujol podría ser descubierto como agente doble y los británicos decidieron que era momento de que él pasara a la clandestinidad, aunque su equipo ficticio siguiera trabajando. Inglaterra protegió a Pujol, quien terminó muriendo en Caracas en 1988 en “relativo anonimato”, según el MI5. Tomás Harris se mudó a España tras la guerra y falleció en un accidente de coche en 1964.

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La historia de Juan Pujol ‘Garbo’ fue fascinante, pero aunque sus habilidades fueron decisivas, hubo otra serie de espías operando fuera de Reino Unido como Triciclo –Dusan Popov-, que pasaba información errónea a Alemania mientras comunicaba mensajes verídicos a Londres; o Brutus –Roman Czerniawski-, un agente polaco capturado por los alemanes que se salvó porque se comprometió a otorgar información enemiga. Realmente les dio más información falsa.

Las operaciones de todos los agentes fueron vitales, pero la implicación de Juan Pujol fue innegable y el modo de engañar al bando enemigo es de película. Y sí, los británicos también lo condecoraron. Fue nombrado Miembro de la Orden del Imperio Británico, algo que sólo se concede a los ciudadanos británicos.

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La noticia Los Aliados tomaron las playas de Normandía por la fuerza. Antes de ellos, un espía español les allanó el camino fue publicada originalmente en Xataka por Alejandro Alcolea .