mayo 18, 2024

Te mueres, publican una esquela, y alguien se graba leyéndola para subirlo a YouTube. Han convertido esto en una industria

En los Estados Unidos ya es costumbre recurrir a Internet para informarse sobre los fallecimientos de personas cercanas, ya sea para dejar mensajes en honor al fallecido, para consultar cuándo será el funeral, etc. La mayoría de las funerarias tienen página web, y además existen portales web de referencia, como Legacy.com.

Sin embargo, hoy en día, un usuario estadounidense que buscase en Google el nombre de alguien que ha fallecido recientemente, probablemente se encontraría con una avalancha de vídeos, casi idénticos entre sí, de personas que leen obituarios. ¿Por qué? ¿Acaso se están poniendo de moda las ‘audioesquelas’ en los EE.UU.? ¿O hablamos de algo más turbio?

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Sí, es más turbio

Wired reveló hace unos meses la historia de un hombre que, tras descubrir que una compañera de clase de la infancia había fallecido inesperadamente, buscó su obituario en Google. Lo que encontró, sin embargo, fue bastante inquietante: junto con las páginas que alojaban su obituario oficial, vio también diez vídeos de bajo presupuesto en YouTube en los que diferentes personas resumían de forma burda los avisos de fallecimiento del fallecido.

Ahora, la gente que pierde a alguien, en lugar de encontrar detalles sobre el funeral o sobre dónde enviar flores, tienen que lidiar con una industria de especuladores que intentan atraer su atención para generar ingresos. Es lo que a estas alturas ya se ha bautizado como la industria del ‘pirateo de esquelas’.

“La información no debería pertenecer a las funerarias, sino estar al servicio del público”, se defienden algunos implicados en este negocio.

Pero se le llama ‘pirateo’ no tanto porque represente una amenaza al copyright como por constituir una afrenta bastante ruin al dolor de amigos y familiares con la única pretensión de obtener ingresos publicitarios por leer textos copiados literalmente de páginas funerarias. Como denuncian en Reddit,

“Esta gente está monetizando las muertes de nuestros seres queridos”.

No es exactamente un problema nuevo: hace años que se viene denunciando el problema que representa este gris negocio (tanto en lo legal como en lo ético).

Aunque, en origen, las responsables del ‘pirateo’ solían ser webs no oficiales que realizaban labores intensivas de SEO para aparecer en los primeros resultados de las búsquedas… y, una vez que el usuario entraba en las mismas, presentarles ofertas para la compra de velas o flores, por las que se llevaban un ‘pellizco’.

Lo de YouTube, sin embargo, es una ‘moda’ posterior. Ahora, podemos encontrar canales que, cada hora, publican docenas de resúmenes de avisos de defunción, y ya ni siquiera pretenden suplantar a la fuente oficial… sólo generar una avalancha de contenidos capaz de capturar clics.

A veces, estos ‘esquelatubers’ promocionan enlaces hacia Amazon en la descripción del vídeo (ya no velas o flores, sino cosméticos, por ejemplo), en otros casos sólo enumeran cadenas de palabras clave, como “muerte”, “causa de muerte” o “DEP”, para atraer la atención del algoritmo.

Una sentencia de 2019 (en Canadá, no en los EE.UU.) que obligaba a Afterlife, una de las citadas webs de esquelas no oficiales, a indemnizar con 20 millones de dólares basándose en la regulación de protección del copyright, generó la actual apuesta por el mero resumen del contenido, en lugar de leerlo íntegramente. Eso no vulnera ley alguna.

Aunque, eso sí, hace que a veces se alteren datos importantes, como el género de los nietos, menciones a mascotas que aparecen como familiares y viceversa, o (y esto es más grave) la causa de la muerte. Y esos resúmenes suelen estar muy mal redactados.

Pero, dado que en general no se vulneran explícitamente las normas sobre contenido de Google ni de YouTube, parece poco probable que esta tendencia desaparezca mientras haya dinero en juego. De hecho, probablemente la popularización de herramientas de IA no hará sino facilitar la automatización en la creación de esta clase de contenidos.

Vía | Wired & New York Times

Imagen | Marcos Merino mediante IA

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