La crisis climática en Europa: infraestructuras obsoletas en un mundo en cambio

El calor extremo revela debilidades en la infraestructura europea

La ola de calor que ha azotado a Europa en los últimos días ha dejado al descubierto la vulnerabilidad de sus infraestructuras ante el cambio climático. Un remolcador holandés rociando agua sobre un puente levadizo, tranvías detenidos en Leipzig, supermercados británicos sin productos refrigerados y carreteras derretidas son solo algunos ejemplos de cómo el calor extremo ha afectado a la vida cotidiana en el continente.

Estos incidentes no son simples anécdotas, sino síntomas de un problema más profundo: la infraestructura europea está desactualizada y no está preparada para enfrentar las condiciones climáticas extremas que se están volviendo cada vez más comunes. Según World Weather Attribution, la ola de calor actual es la más severa jamás registrada en la región estudiada, con temperaturas que han superado récords absolutos en cuatro países.

Un cambio climático que va en serio

La realidad es que el cambio climático es un problema que va en serio y que Europa no está preparada para enfrentarlo. En 1976, un calor similar al que se está experimentando ahora habría sido “virtualmente imposible” en junio. Sin embargo, en los últimos años, el continente ha visto un aumento significativo en las temperaturas, con máximos que han superado los 37 grados en Reino Unido, 37 en Dinamarca, 41,7 en Alemania, 39,5 en Eslovaquia y 39,4 en Países Bajos.

La infraestructura europea, que en su mayoría se diseñó para máximas de entre 32-35 grados, no está equipada para manejar estas condiciones climáticas extremas. Buena parte de las vías, los puentes y las carreteras europeas se construyeron en una época en que el cambio climático no era una preocupación tan apremiante. Hoy en día, superar esos límites es algo común, con la semana pasada registrando cuatro días con temperaturas superiores a los 40 grados en Alemania.

La mortalidad, un indicador de la gravedad del problema

La mortalidad es un indicador claro de la gravedad del problema. Francia ya ha registrado alrededor de 1000 muertes atribuibles a la ola de calor. Aunque es cierto que la adaptación ha reducido la mortalidad en un 80%, según algunos análisis, el déficit sigue creciendo cada día que pasa. Esto significa que no se están tomando medidas suficientes para abordar el problema.

¿Qué se puede esperar en el futuro?

Desafortunadamente, parece que poco o nada se está haciendo para abordar el problema. En los últimos años, el apoyo de la población a las políticas climáticas ha disminuido. Sin embargo, las estimaciones sugieren que el parque de aire acondicionado en Europa pasará de menos de siete millones de aparatos en 1990 a más de cien millones en 2030. Esto exige cambios radicales y una enorme reconversión que, visto lo visto, no se sabe si se estará dispuesto a acometer.

La Unión Europea reconoció en marzo de 2024 que “Europa no estaba preparada” para lo que se le venía encima y que las políticas “no iban al ritmo del aumento de los riesgos”. La pregunta es si se tomarán medidas antes de que el problema se convierta en una crisis inmanejable.